Lunes 04 de Marzo del 2024

El sistema de salud que merecemos

Columna de opinión por Miguel Andrés Jaramillo, publicada en Diario Gestión

Nuestro débil sistema de salud, caracterizado por ser poco articulado y desorganizado, se vio afectado de forma significativa debido a la crisis sanitaria. Lo que observábamos día a día -largos tiempos de espera para la atención en hospitales que llegaron al tope de capacidad, un primer nivel de atención abandonado, falta de medicamentos, entre otros- llegó a su máxima expresión durante la pandemia, reflejándose en una ocupación del 98% en UCI, falta de oxígeno, ausencia de vacunas, un primer nivel aún más abandonado y otras falencias más.

Tras estos acontecimientos, corresponde tomar esta crisis como una oportunidad para, finalmente, organizar a nuestro sistema de salud en favor de los ciudadanos, con énfasis en el primer nivel de atención.

Para lograrlo, se debe fortalecer al Minsa. Este ministerio se encarga de dos funciones: rectoría y prestación. Así, el Minsa está, gran parte de su tiempo, enfrascado en resolver problemas diarios en materia de prestación de servicios en Lima Metropolitana, descuidando su rol como rector. Una manera de resolver este problema es quitándole la función de prestación, mediante la creación de organizaciones llamadas Unidades de Gestión de Ipress (Ugipress), que se encarguen de la administración de los servicios de salud. Esta entidad gestionaría la prestación de servicios en los establecimientos de nivel I y II en Lima, estaría adscrita al Minsa, sería independiente y gozaría de su propio presupuesto.

Por otra parte, urge potenciar y ampliar la oferta de servicios públicos con énfasis en el primer nivel de atención. Este nivel debería solucionar cerca del 80% de los problemas de salud de la población. No obstante, la realidad nos dice que el 78% de los establecimientos del prime nivel se encuentran en malas condiciones, llegando a extremos en regiones cono Madre de Dios (90%). Por ello, siguiendo una priorización para cerrar brechas de acuerdo a un plan de infraestructura a largo plazo, el primer nivel debe potenciarse a través de mecanismos de ejecución de inversión como las APP o los convenios G2G.

Mientras se cierran dichas brechas, deben implementarse mecanismos de compra-venta de servicios, para que un afiliado del SIS pueda atenderse en un centro de salud del sector privado o de Essalud. Así, un ciudadano de Islay en Arequipa -que esté asegurado al SIS y requiera atención en un establecimiento del segundo nivel-, no tendría que desplazarse por más de una hora y media hasta la provincia de Camaná para atenderse. Solo tendría que ir al hospital de Essalud (Hospital II Manuel de Torres Muñoz de Mollendo) de su misma localidad para recibir atención oportuna, financiada por el SIS.

Finalmente, el Seguro Integral de Salud (SIS) debe convertirse de forma progresiva en un verdadero fondo asegurador. Hoy eso no es posible, ya que solo maneja el 8% del presupuesto en salud asociado principalmente a gastos en medicamentos, insumos y materiales médicos. Se necesita reducir la fragmentación de las vías de financiamiento, apuntando a que en un mediano plazo el SIS se consolide. Asimismo, se necesitan reglas claras para la transferencia del MEF al SIS, en función de personas aseguradas, riesgos y tomando al PEAS como un paquete definido de servicios y prestaciones. Apremia, además, cumplir con lo dispuesto en el Decreto Legislativo 1346, en el cual indica la creación de un directorio para esta entidad.

La pandemia llegó para cambiar nuestras vidas a través de una nueva normalidad. Es cierto que causó un retroceso importante en materia económica y sanitaria, pero también debe considerarse como una oportunidad para hacer las cosas bien, es decir, para dar los primeros pasos hacia la implementación de salud que merecen todos los peruanos.

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